La figura del cooperador necesario en el ordenamiento penal

Compártelo en tus Redes Sociales
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email
Buffer this page
Buffer

En el día de ayer se conocía que la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Burgos ha condenado a los tres exfutbolistas de la Arandina a 38 años de prisión por agredir sexualmente a una menor de 15 años. Dejando a un lado los detalles de la sentencia, es interesante observar el desglose de las penas impuestas a los acusados. Las mismas se corresponden con la aplicación de la doctrina de la cooperación necesaria, y por ello cada uno de los acusados es condenado como autor por los hechos realizados a 14 años, más otros 24 por el delito realizado por sus compañeros. 

 

 

Lo que establece el Código Penal

 

Si acudimos al Así el artículo 28 del Código Penal, se aprecia que:

» Son autores quienes realizan el hecho por sí solos, conjuntamente o por medio de otro del que se sirven como instrumento.

También serán considerados autores:

  1. a) Los que inducen directamente a otro u otros a ejecutarlo.
  2. b) Los que cooperan a su ejecución con un acto sin el cual no se habría efectuado.»

 

Dado que el precepto legal introduce la figura del cooperador, podemos definirla como aquella persona que participa con actos relevantes en la comisión de un hecho delictivo, pero no es la persona que ejecuta directamente el delito, que sería el autor per se. 

 

Si bien esta diferencia parece clara, el tratamiento penal que reciben ambas figuras es el mismo. Se impone la misma pena al cooperador necesario que la que se impone al propio autor del delito, puesto que el concepto “necesario” implica que la participación de aquél es lo que ha habilitado que se produjera una conducta antijurídica. Dicho de otro modo, el ordenamiento jurídico entiende que sin el cooperador necesario no podría haber habido siquiera un autor propio del delito, por lo que es preciso que ambas conductas sean castigadas con idéntica severidad.

Ello conduce inevitablemente a cuestionar dónde radica la diferencia entre las figuras del cooperador necesario y el cómplice.

 

 

Tratamiento penal del cómplice vs el cooperador necesario

 

 

A priori, podría parecer que el cómplice y el cooperador necesario son figuras idénticas, dado que se trata de terceras personas que no perpetran el delito personalmente pero que tienen una participación directa en la comisión del hecho delictivo. Sin embargo, la diferencia entre ambas es de carácter cualitativo, es decir, relativa a la importancia que los actos llevados a cabo han tenido sobre la acción antijurídica.

Sin el cooperador necesario no puede haber delito, puesto que su participación es, como hemos dicho, ESENCIAL en la existencia del mismo. Sin embargo, el cómplice del delito tiene una participación EFECTIVA en el delito, pero no esencial en el mismo, por lo que es perfectamente posible que la acción delictiva tenga lugar con independencia de que el cómplice tome parte en la misma o no.

La frontera entre una participación esencial y una participación efectiva en el delito puede parecer, y en la práctica penal habitual es, sumamente difusa. Es por ello que debemos acudir al tratamiento que los tribunales españoles dan a esta cuestión para entender las concretas implicaciones de cada figura.

 

Lo que establece la jurisprudencia española

 

El Tribunal Supremo tiene declarado sobre el cooperador necesario de un delito (entre otras en Sentencia de 21 octubre de 2014) que » existe cooperación necesaria cuando se colabora con el ejecutor directo aportando una conducta sin la cual el delito no se habría cometido (teoría de la conditio sine qua non), cuando se colabora mediante la aportación de algo que no es fácil obtener de otro modo (teoría de los bienes escasos) o cuando el que colabora puede impedir la comisión del delito retirando su concurso (teoría del dominio del hecho).»

 

Por otra parte, y en lo tocante a la figura del cómplice, cabe destacar que el Tribunal Supremo tiene declarado que el cómplice no es ni más ni menos que “un auxiliar eficaz y consciente de los planes y actos del ejecutor material, del inductor o del cooperador esencial que contribuye a la producción del fenómeno punitivo mediante el empleo anterior o simultáneo de medios conducentes a la realización del propósito que a aquéllos anima, y del que participa prestando su colaboración voluntaria para el éxito de la empresa criminal en el que todos están interesados.”

El dolo del cómplice radica en la conciencia y voluntad de coadyuvar a la ejecución del hecho punible. Quiere ello decir, por tanto, que para que exista complicidad han de concurrir dos elementos:

  1. a) Elemento objetivo, consistente en la realización de unos actos relacionados con los ejecutados por el autor del hecho delictivo, que reúnen los caracteres ya expuestos, de mera
  2. b) Elemento subjetivo, consistente en el necesario conocimiento del propósito criminal del autor y en la voluntad de contribuir con sus hechos de un modo consciente y eficaz a la realización de aquél.

 

 

En definitiva, la figura del cooperador necesario concurrirá cuando los actos de un tercero no autor del delito hayan tenido una relevancia absoluta en la perpetración del mismo, aunque no haya sido realizado directamente por aquél. Es por ello que la pena impuesta será idéntica a la de la autoría.

El cómplice, por su parte, no recibirá la misma pena sino que se le impondrá la inferior en grado. Ello debido a que, si bien ha tomado parte en la comisión del delito, dicha contribución no es en absoluto esencial y tan sólo habrá tendido a facilitar el mismo, no a que el mismo se produzca.

Compártelo en tus Redes Sociales
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email
Buffer this page
Buffer